Karuna, Kuan Yin y el Papa

Guan YinDos palabras aparecieron muchas veces en mi mente como campanadas en los últimos días: Karuna y loving-kindness, la bondad amorosa. Loving-kindness y karuna. Al despertar, al escuchar hablar a las personas, al irme a dormir aparecían esas palabras en sánscrito, en inglés. Recordaba que había leído sobre estos dos conceptos buddhistas en un precioso libro de Thich Nhat Hanh, Amor Verdadero. Busqué en mis filas de libros y volví a sacar mi versión: un librito color anaranjado con una flor blanca en la portada.

En el libro, el monje buddhista Hanh repasa los cuatro elementos que componen el amor verdadero, según su credo. El Buddhismo habla de cuatro estadíos—metta, karuna, mudita y upeksha—como los elementos que definen un amor de verdad. Metta es la bondad amorosa, el querer darle alegría y felicidad a otra persona. Karuna es la compasión, el querer entender a la otra persona. Mudita es alegría, el dar y recibir alegría. Y upeksha es libertad: el amor sin ataduras, dándole espacio al querido y obteniendo lo mismo del otro.

Recuerdo haber comprado ese libro en un momento que buscaba entender que era eso que llamaban el “amor verdadero”. Me ofreció algo de sosiego en ese momento. Creo que es en los momentos de cierto caos, ya sea físico, energético o emocional, que buscamos entender ciertas cuestiones fundamentales de la vida. Por algo dicen que de los momentos de caos surgen revelaciones.

Junto con estas palabras y al meditar sobre la energía que quería trabajar en mis clases de yoga, apareció la deidad asiática, Kuan Yin. Ella es el símbolo de la compasión y la misericordia; no era casual que apareciera ella para englobar lo que yo buscaba trabajar esa semana.

Y como para sumar presencia a estos personajes en este historia apareció el Papa Francisco, en todos los canales de televisión y las notas de internet, liderando una gira por los Estados Unidos.

Siempre he admirado a Jorge Bergoglio, el nombre del papá antes de ser elegido pontífice del catolicismo. Admiraba su calma, su liderazgo, su humildad y su interés en buscar canales de diálogo y paz en una sociedad severamente dividida como lo es la Argentina. Verlo llevar esas cualidades a su nuevo puesto como líder espiritual mundial me llevo a valorarlo todavía más. He llegado a emocionarme estos últimos días viendo la recepción impresionante que el ha tenido en Washington DC y Nueva York, dos ciudades muy acostumbradas a ver grandes personajes de la historia, y las palabras llenas de amor y compasión que ha pronunciado en todos los ámbitos que ha visitado.

Uno de los momentos más emotivos para mi fue el servicio en Ground Zero, donde estaban las Torres Gemelas. Hoy hay un especie de hoyo de agua que fluye como una fuente debajo del nivel del suelo, para homenajear a los muertos. El Papa participó junto a varios lideres espirituales de distintas religiones del mundo. En una ceremonia con cantos, plegarias y bendiciones en ingles, español, hebreo, gurmukhi, árabe y sánscrito, entre otras lenguas, todos los líderes de las distintas religiones hicieron un pedido de paz conjunto.

Uno de los participantes de esa ceremonia, fue el líder cívico espiritual Sikh Satpal Singh. Es un hombre sesentón con barba blanca que usa el tradicional turbante sikh y habla en tonos pausados. El periodista Anderson Cooper, al entrevistarlo, hizo referencia al pasado del Sr. Singh, que sufrió en carne propia la violencia religiosa y tuvo que exiliarse de su tierra natal por la persecución que sufrieron los de su credo. El Sr. Singh, con el mismo temple que caracteriza los discursos del Papa Francisco, respondió que los hechos que el había sufrido lo habían convencido de que el amor y la compasión por el otro son los únicos caminos hacia la paz.

Siento como si esta semana hubiese llegado como un gran recordatorio para que todos intentemos, desde nuestra profunda humanidad imperfecta, de practicar el amor y la compasión hacia el otro en el día a día. De no actuar ni hablar desde el odio, el rencor, la intolerancia ni el enojo. De volver siempre al corazón. Podemos fallar—yo soy la primera en admitir mis errores y espero poder siempre pedir perdón por ellos—pero cuan importante es poder volver a la intención de vivir según estos principios antiguos.

Cuantas guerras se hubiesen evitado si todos tomásemos la promesa de actuar desde ese lugar, de volver siempre al amor y la compasión por el otro.

Las relaciones humanas son difíciles. Es así. Pero si buscamos escuchar y entender, sin saltar a juzgar y discrepar, buscar puntos en común y cuando no los hay, buscar la compasión dentro de uno para no odiar al otro…quizás tendríamos mas dialogo y menos discusión. Mas paz y menos guerra. Mas karuna, mas compasión.

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